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Max Bidart

Max Bidart ramifica su ecosistema literario con «Despoblados» – El Litoral

Max Bidart - Libro Despoblados en El Litoral

En su flamante obra, el autor mercedino residente en La Plata recupera un personaje creado a sus veinte años y lo hace vivir dentro de un libro... ¡y otros formatos!

Max Bidart es un diseñador gráfico, escritor y docente oriundo de Mercedes, Buenos Aires. Es Director Creativo de la agencia digital QKStudio, galardonada con un premio Eikon a la comunicación y el Sello de Buen Diseño Argentino (2025). Se desempeña como docente de tecnología en la Facultad de Artes de la UNLP.

En el ámbito musical, realizó trabajos visuales y de diseño para bandas como Estelares y Ella es tan Cargosa. En cine, colaboró en distintos proyectos junto a Magui Bravi (“Oro Negro”, “Bloody Mary”, “From Within”, “Hotline”) y Hernán Moyano (“Sudor Frío”, “Penumbra”, “Pequeña Babilonia”). El cruce entre narrativa, imagen y tecnología atraviesa su obra literaria, donde la construcción visual y la atmósfera ocupan un lugar central.

Luego de la publicación de su antología debut, “Justo ayer” (2025), Bidart editó “Despoblados”. Previamente a las presentaciones programadas para las ciudades de La Plata y Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, el autor dialogó con El Litoral. Dejó, entre otros conceptos este: “El personaje de ‘Despoblados’ lo creé cuando tenía 19 años. Yo pienso que lo mejor que hice fue en los primeros veinte años de mi vida”.

Prehistoria(s)

-¿Cuándo te picó el bichito de la escritura? ¿Fue en Mercedes o en La Plata?

-Yo siempre dibujé. A través de los cómics, yo dibujaba y escribía. Escribía entre comillas, porque pensaba las historias y las dibujaba. Pero, de fondo, había que inventar una historia para narrar secuencialmente. A los siete, ocho años, no hacía otra cosa que no fuera dibujar. Era mi hobby, más que jugar al fútbol. Todavía tengo en mi casa de Mercedes las revistas que hacía. Creo que debo haber llegado hasta el número 20 de un personaje que iba generando todos los meses.

Yo tengo un tío periodista que hizo un diario en Mercedes. Empecé a ver cómo era la cocina, cómo se diagramaba. Todo eso me terminó influyendo. Era una revista que salía mensualmente, pero tenía formato diario y salía en papel obra. Publicaban notas atemporales. Yo en esa época no conocía el término fanzine, pero era una cosa así. Eran cuatro pibes de unos veinticinco años. Habían montado una redacción. Para Mercedes era algo raro. Mientras tanto, en la secundaria yo tenía un profesor que me incitaba a que escribiera.

Cuando me vine a estudiar a La Plata, la idea era perfeccionar eso que yo hacía jugando. Pero el diseño no era eso, solo había una materia en tercer año que hacíamos cómics. Para mí fue un cúmulo de casualidades. La carrera en la UNLP se llama Comunicación Visual, la palabra Comunicación es muy fuerte. Mientras que la UBA es más pragmática y te enseña herramientas para diseñar, acá primero es pensar: analizar cómo es la comunicación, qué queremos comunicar y cómo. Yo creo que devino de una cuestión presupuestaria. Eso me vino al pelo porque yo estaba acostumbrado a contar y a entender estos conceptos.

-Tu labor como diseñador te puso en contacto con músicos como Manuel Moretti y Rodrigo Manigot. ¿Qué influencias o aportes tomaste de dichos encuentros?

-Gracias a Moretti conocí Rimbaud, Juanele y un montón de autores que él nombra en sus canciones. Me daba curiosidad saber quién lo influenciaba. El primer libro de Rulo Manigot (“Donde no van las melodías”), si bien es más la historia de la banda, me fue contando la cocina. Pero en mi cabeza todavía seguía la idea de contar algo dibujado.

En un momento, lo que me pasó fue que no tenía tiempo para contar algo dibujado. Entonces, empecé por hacer las historias y después ver si las podía dibujar. Por eso en la solapa de mi primer libro hice historias que no tuve tiempo de dibujar. Si vos me preguntás, mi idea original era dibujarlas. Nunca fui un pibe recontra lector. Recién en la facultad empecé a leer más y me fasciné con Bukowski. Fui encontrando autores que me gustaban como Becerra y empecé a leer más.

Por el hueco

-“Despoblados” viene a profundizar el espíritu transmedia de “Justo ayer”, dejando en claro que es un libro pensado integralmente por un diseñador de la comunicación visual. ¿Qué es lo que te permitió ampliar el objeto-libro hacia otros lenguajes?

-En “Justo ayer” yo no me sentía tan seguro de poder hacerlo solo. Pensé que el formato transmedia y otras voces podían aportar y, de alguna manera, validar el contenido. Mi amigo Hernán Moyano (cineasta y guionista), quien hace el prólogo, me decía: “Vos le ponés toda la garra y estás siempre pensando estrategias para que brillen los demás. Ahora tenés que contar tus historias, llega un momento en que tenés que hacerlo vos”. Como yo no me animaba nunca, eso me hizo un clic.

Entonces, empecé a hacer los talleres con (Hernán) Casciari. De chico, yo tenía la formación autodidacta, me morfé todos los manuales de estilo que había en su momento. La carrera universitaria me permitió utilizar herramientas propias de la Comunicación Visual para complementar, no solo el libro, sino la forma de narrar. Por ejemplo, para escribir una novela hay software que te sirve para hacer las fichas de los personajes y la trama.

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