El diseño como estrategia narrativa
“Justo ayer” nació como un libro independiente de relatos sobre la infancia y la adolescencia en Mercedes, provincia de Buenos Aires, durante las décadas de 1980 y 1990. Pero desde el comienzo hubo una idea que excedía la publicación: el libro tenía que estar diseñado también para circular.

Esa mirada fue la que llevó al proyecto a ser distinguido con el Sello de Buen Diseño Argentino (SBD), un reconocimiento oficial que pone en valor productos de la industria nacional que se destacan por incorporar al diseño como un componente estratégico para mejorar su competitividad, innovación, producción y posicionamiento.
En el caso de “Justo ayer”, la propuesta presentada por QKStudio bajo el concepto “El diseño como estrategia narrativa” mostró cómo una obra editorial independiente podía construir un ecosistema propio de comunicación, articulando el objeto libro con diferentes lenguajes y soportes.
Un libro que también se escucha
Uno de los ejes centrales del proyecto fue pensar el propio producto como una herramienta de amplificación.
Cada cuento incorpora un código QR que permite acceder a su versión en audio, narrada por diferentes voces vinculadas a la cultura, el periodismo, la música y el audiovisual. Entre ellas participaron Manuel Moretti, Hernán Casciari, Magui Bravi, Cucuza Castiello y Gabriela Radice, además de amigos, colaboradores e incluso la hija del autor.
La decisión tenía una doble función: enriquecer la experiencia del lector y, al mismo tiempo, permitir que cada una de esas voces ayudara a llevar las historias hacia nuevas comunidades y audiencias. Libro físico, audio y circulación digital comenzaron así a funcionar como partes de una misma experiencia transmedia.
Uno de los ejemplos más particulares fue “Los bicivoladores”, cuento premiado por Hernán Casciari y posteriormente publicado en la revista Orsai. La historia llegó a tener versiones narradas en español, inglés, alemán, coreano y francés. La versión en castellano fue grabada por el propio Casciari y la inglesa, como dato singular, por el actual embajador del Reino Unido en El Salvador.










De la página a las redes
La dimensión visual también fue concebida desde esa lógica. Todos los cuentos fueron ilustrados y muchas de esas imágenes posteriormente cobraron movimiento para convertirse en piezas audiovisuales destinadas a redes sociales.
Las redes del autor fueron, de hecho, uno de los principales territorios de construcción del proyecto. Allí no solo se promocionó el resultado terminado: se contó el proceso.
Ilustraciones, videos, pruebas, decisiones editoriales y contenidos realizados con herramientas de inteligencia artificial permitieron involucrar a los lectores antes, durante y después de la publicación. En lugar de presentar un producto terminado a una audiencia desconocida, la estrategia buscó construir una comunidad alrededor del libro mientras este iba tomando forma.
La nostalgia y el territorio como herramientas de conexión
La estrategia también está presente en las propias historias.
“Justo ayer” recupera una memoria generacional reconocible: las bicicletas, las veredas, los juegos, los veranos largos y una infancia previa a internet. La nostalgia de los años 80 y 90 funciona como un territorio emocional capaz de conectar con lectores que reconocen parte de sus propias experiencias en esos relatos.
A esa memoria generacional se suma una fuerte hiperlocalidad. Muchos cuentos transcurren en lugares reales de Mercedes —entre ellos el Colegio Nacional, donde el propio autor cursó la secundaria—, generando otra capa de identificación entre quienes vivieron, estudiaron o crecieron en esos mismos espacios. La presentación del libro en Mercedes se realizó, precisamente, en ese colegio.
Incluso la estructura narrativa acompaña la idea de sistema: aunque se presenta como un libro de cuentos, los personajes aparecen, desaparecen y vuelven a encontrarse en diferentes relatos. Una suerte de “novela atomizada”, donde cada historia funciona de manera independiente pero agrega nuevas capas a un universo común.
Guerrilla editorial
La autogestión también obligó a pensar cómo competir por atención con recursos limitados.
Una de las piezas desarrolladas fue la faja del libro, que exhibe un enorme *50.000, utilizando deliberadamente el lenguaje de las cifras de ventas editoriales. El asterisco conduce, sin embargo, a una aclaración: “Fueron las vueltas que di antes de decidirme a publicar este, mi primer libro”.
Además de destacarse en vidrieras y anaqueles, la pieza terminó convirtiéndose en un disparador recurrente de conversaciones durante entrevistas y presentaciones.
Otra acción fue todavía menos convencional: “el señalador infiltrado”. Señaladores de “Justo ayer” fueron colocados dentro de best sellers de grandes editoriales, invitando a quien los encontrara a convertirse en cómplice de la acción. Cada pieza incluía un QR y un código especial que permitía acceder desde la web a un descuento para comprar el libro.
De la autogestión a la Feria del Libro
A estas acciones se sumaron la venta directa desde la web, la presencia en librerías independientes, Amazon y Mercado Libre, las presentaciones en distintas ciudades, la generación de gacetillas y una estrategia sostenida de prensa y contenidos.
Los resultados fueron concretos: la primera edición se agotó, llegó una segunda edición ampliada y “Justo ayer” alcanzó la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. El recorrido también produjo entrevistas y cobertura en medios como TN Todo Noticias, Página/12 y El Día.
El libro incluso llegó a la Antártida, donde un ejemplar pasó a formar parte de una biblioteca permanente.

Cuando el diseño se vuelve resultado
La distinción del Sello de Buen Diseño Argentino reconoce justamente esa dimensión del proyecto: no solamente cómo está diseñado un libro, sino qué puede hacer el diseño por un libro.
En “Justo ayer”, escribir fue apenas el comienzo. El desafío posterior fue diseñar cómo esas historias podían ser vistas, escuchadas, compartidas, compradas y, finalmente, encontrarse con sus lectores.
Como sintetizaba la presentación realizada por QKStudio para la postulación: contenido, forma y circulación funcionan como un mismo sistema, demostrando que el diseño puede expandir una obra más allá de sus páginas para construir comunidad, visibilidad y sentido.
Y quizá ahí esté la mejor manera de explicar este reconocimiento: “Justo ayer” fue diseñado para ser un libro, pero también para hacer que las historias sucedan fuera de él.


