En una conversación atravesada por los libros, la música y la curiosidad, habló sobre su vínculo con la poesía, el valor de la lectura como refugio y el proceso de creación de Nubes bajas, su próximo libro.
Lucas Marti podría ser presentado de muchas maneras. Es biólogo, divulgador científico, conductor de radio, curador musical, fotógrafo y guía naturalista especializado en viajes a la Antártida. Sin embargo, durante su visita a Improvisados, eligió detenerse especialmente en una faceta menos conocida: la del lector y escritor de poesía.
En diálogo con Max Bidart y Pablo Cianciosi, Martí habló sobre Nubes bajas, un proyecto que reúne poemas escritos en diferentes momentos de su vida y que actualmente se encuentra en proceso de edición y publicación.
La conversación permitió recorrer su relación con la literatura, su manera de acercarse a la poesía y la necesidad de recuperar formas de lectura que se alejen de la velocidad y la fragmentación propias de las redes sociales.
La poesía como espacio de libertad
Ante la pregunta de por qué había elegido la poesía, Martí explicó que se trata del género que surge con mayor naturalidad dentro de su proceso creativo.
“La poesía es lo que más me nace.”
Para el biólogo y escritor, la prosa necesita cierto método, desarrollo y asentamiento, mientras que la poesía le permite trabajar desde un lugar más intuitivo.
Esa libertad lo llevó a establecer un paralelismo con otro de sus grandes intereses: la música.
“Para mí, la poesía en la literatura sería lo que es el jazz en la música occidental moderna.”
La comparación no es casual. Así como el jazz abre un espacio para la improvisación, Marti encuentra en la poesía la posibilidad de escribir sin depender necesariamente de estructuras rígidas.
A diferencia de una canción tradicional, organizada alrededor de estrofas y estribillos, la poesía puede avanzar por asociaciones, sonidos, ritmos e imágenes.
“Hay un espacio para improvisar. No hay una estructura y eso, para los tipos poco estructurados en algunos aspectos, como yo, es mucho más fácil.”
La poesía no siempre necesita ser entendida
Uno de los conceptos más interesantes de la entrevista apareció cuando la conversación se detuvo en la necesidad de comprender un poema.
Martí sostuvo que la poesía no debería ser abordada como un problema que el lector tiene que resolver.
“Para mí, la poesía no requiere entendimiento.”
La frase abrió un intercambio sobre las diferentes formas de aproximarse a un texto poético. Para Martí, un poema puede tener una lectura literal, pero también puede funcionar a partir de imágenes, sensaciones y asociaciones que no necesariamente deben cerrarse en una única interpretación.
“Uno puede entenderla, pero no hay que buscar entenderla. Como lector, yo no intento entender la poesía. Después la entiendo o no, pero no hay una intención mía.”
Esa forma de lectura propone abandonar momentáneamente la necesidad de encontrar una explicación y aceptar que algunas palabras pueden provocar una emoción antes que transmitir una idea concreta.
Escribir a partir de imágenes
La imagen ocupa un lugar central en la escritura de Lucas Marti.
Su experiencia como fotógrafo y guía naturalista atraviesa también su forma de construir poesía. Los paisajes, los animales y las situaciones vividas durante sus viajes aparecen convertidos en imágenes narradas, muchas veces más poderosas que el registro fotográfico.
Durante el programa, Bidart recordó algunas historias que Marti había compartido sobre sus recorridos entre icebergs y señaló que, en ocasiones, la imagen construida a partir del relato podía resultar incluso más intensa que una fotografía.
Marti coincidió con esa observación:
“Creo mucho en la imagen viva, en el sentido de lo que puede generar nuestra mente.”
La poesía le permite trabajar precisamente en ese espacio: no mostrarlo todo, sino ofrecer palabras capaces de activar la imaginación del lector.
La lectura como refugio
La entrevista también abrió una reflexión sobre la manera en que actualmente consumimos contenidos.
Frente a la inmediatez de las redes sociales, las plataformas y los estímulos audiovisuales permanentes, Martí reivindicó el tiempo propio de los libros.
“El libro te da esa pausa necesaria. Necesitás estar concentrado, conectado con el libro.”
La lectura obliga a detenerse. También permite volver atrás, releer una frase, detenerse en una página o recuperar un fragmento que no se comprendió en un primer momento.
Esa posibilidad contrasta con el consumo rápido y fragmentado que domina buena parte de la vida cotidiana.
“La lectura es un refugio.”
Marti aclaró que esa condición no pertenece únicamente al libro como objeto físico, sino a la experiencia misma de leer. Sin embargo, también reconoció su vínculo especial con el objeto libro, su materialidad y el tipo de relación que establece con quien lo sostiene.
Leer también aquello que no nos gusta
El mismo criterio aparece en otro de los proyectos de Lucas Marti: Under, música bajo el radar, un espacio desde el cual recomienda discos, artistas y playlists de distintas partes del mundo.
Martí contó que escucha numerosos discos completos, incluso cuando no coinciden con sus preferencias.
“Hay algunos que no me gustan. No importa: los escucho de principio a fin. Les tengo que dar la oportunidad.”
Para el invitado, la verdadera apertura no consiste solamente en consumir aquello que confirma nuestros gustos, sino también en aproximarse a expresiones diferentes.
Ese razonamiento atraviesa tanto la música como la literatura: escuchar, leer y tratar de comprender incluso aquello con lo que no se está de acuerdo ayuda a construir un criterio propio.
En una época dominada por recomendaciones automáticas y contenidos pensados para confirmar las elecciones anteriores de cada usuario, Martí propuso una pequeña forma de irreverencia: salir ocasionalmente de la comodidad.
“Nubes bajas”, una vida atravesada por la poesía
Durante la entrevista, Marti contó que Nubes bajas reúne textos escritos a lo largo de varias décadas.
En el libro conviven poemas de su juventud con otros realizados durante su vida adulta. Esa distancia temporal permite observar las transformaciones del autor, aunque él reconoce una identidad que permanece a lo largo del conjunto.
“Hay un poema de los 18 o 19 años y hay uno de los 35, y te das cuenta.”
Al revisar el material, Marti encontró una línea que conecta las distintas etapas de su vida.
“Yo me leo a lo largo del libro.”
Los poemas no están organizados necesariamente de manera cronológica. La coherencia surge de una sensibilidad y una voz que permanecen reconocibles, aun cuando las piezas hayan sido escritas con muchos años de diferencia.
La publicación del libro representa, además, una nueva forma de exposición. La poesía puede resultar especialmente íntima porque, incluso cuando es críptica, suele conservar rastros emocionales de quien la escribió.
De la poesía a la divulgación científica
La amplitud de intereses de Lucas Marti también quedó reflejada en otro proyecto editorial que mantiene en preparación: Historias de mierda, un libro de divulgación científica e histórica cuyo punto de partida surgió de una columna radial sobre trasplantes de materia fecal.
La propuesta reúne episodios científicos, médicos, políticos e históricos relacionados con los desechos humanos y animales.
Desde tratamientos médicos hasta la denominada Guerra del Guano, el proyecto busca comunicar ciencia con humor y con un lenguaje accesible para lectores no especializados.
La aparición de este segundo libro demuestra que, en el universo de Marti, la poesía y la ciencia no funcionan como actividades opuestas. Ambas parten de una misma curiosidad y de la necesidad de encontrar una forma atractiva de transmitir experiencias, conocimientos e imágenes.
La Antártida, los libros y una biblioteca en movimiento
Hacia el final del programa, la conversación se trasladó a uno de los escenarios más extraordinarios de la vida profesional de Lucas Marti: sus viajes como guía naturalista a la Antártida.
Marti trabaja a bordo del barco Ushuaia, una embarcación que transporta alrededor de 90 pasajeros y realiza expediciones de entre diez y doce días.
La experiencia de vivir en un barco pequeño, compartiendo los espacios cotidianos con viajeros de numerosas nacionalidades, genera una dinámica comunitaria particular. Allí se cruzan idiomas, historias personales, conocimientos científicos y formas diferentes de observar el mundo.
En ese contexto apareció una anécdota especialmente significativa para el programa.
Durante la entrevista, Max Bidart le preguntó a Marti si Justo Ayer, su libro de relatos, todavía formaba parte de la biblioteca del barco.
La respuesta fue afirmativa.
“Está ahí, en la biblioteca.”
Durante el período en que el barco permanece fuera de temporada, los libros se conservan guardados junto con el resto del material. Cuando las expediciones se reanudan, la biblioteca vuelve a ocupar su lugar a bordo.
De esta manera, Justo Ayer viaja hacia la Antártida y queda disponible para pasajeros y tripulantes de diferentes partes del mundo.
La anécdota funcionó como un cierre perfecto para una conversación dedicada al valor de los libros: una obra puede comenzar en La Plata, pasar por las manos de sus lectores y terminar recorriendo algunos de los paisajes más remotos del planeta.
Una conversación sobre la curiosidad
La visita de Lucas Martí mostró el espíritu que caracteriza a Improvisados: conversaciones extensas en las que los invitados pueden conectar disciplinas, experiencias e intereses aparentemente distantes.
En este caso, la poesía convivió con el jazz, la divulgación científica, la fotografía, la radio, los viajes y la Antártida.
Más allá de cada actividad, la entrevista estuvo atravesada por una misma idea: conservar la curiosidad, detenerse a observar y animarse a explorar aquello que se encuentra fuera de los recorridos habituales.
La entrevista completa puede verse en el canal oficial de Improvisados en YouTube, el ciclo producido desde La Plata y conducido por Max Bidart —director creativo y cofundador de QKStudio— junto a Pablo Cianciosi.


