Mi llegada a la escritura literaria tuvo mucho que ver con los talleres de Orsai. Ese espacio, más que una simple aula virtual, funciona como un semillero donde las ideas crecen y se alimentan del entusiasmo de otros.
“Los talleres de Orsai son un semillero. La comunidad es un espacio hermoso para potenciar cualquier cosa que uno esté haciendo. Tenés una idea, y todos atrás empujando.”
En Orsai descubrí que publicar no es solo un acto individual, sino un gesto colectivo. Cuando una historia sale al mundo, hay una red de gente sosteniéndola desde atrás: lectores, coordinadores, compañeros de taller y amigos que celebran cada paso.


