Max Bidart

Conversamos con Gaby Radice sobre «Renegadas»: una novela sobre la caída, la calle y el deseo de seguir soñando

Gaby Radice presenta Renegadas, su nueva novela

En Improvisados, Gaby Radice habló de Renegadas, su nueva novela publicada por Hormigas Negras: una historia familiar atravesada por la pérdida de la casa, la intemperie social y la necesidad vital de imaginar para sobrevivir.

Gaby Radice pasó por Improvisados para hablar de Renegadas, su nueva novela publicada por Hormigas Negras. La periodista, escritora y figura histórica del rock argentino presentó una obra breve, cruda y profundamente humana, nacida en el taller de Andrea Álvarez Mujica y atravesada por una pregunta incómoda: qué pasa cuando una persona pierde su casa, su estructura cotidiana y, con ella, una parte de su identidad.

La charla comenzó con una definición clave de la autora sobre el origen del libro. Radice explicó que Renegadas surgió de un proceso colectivo, distinto al de su primera novela, Mugre. Esta vez, la escritura se fue armando a partir de la escucha, la corrección, el diálogo con otros y una construcción más lenta.

“Esta es la primera vez que hablo de mi nuevo hijito, Renegadas. Es un producto del taller de Andrea Álvarez Mujica.”

La novela se concentra en tres hermanos que asisten a la disolución de una familia. Pero esa caída íntima también permite leer una fractura más amplia: la de una sociedad que expulsa, deja afuera y transforma la intemperie en paisaje cotidiano.

Una familia que se disuelve, una sociedad que se rompe

Radice explicó que, aunque no quiso escribir una novela “pretenciosa” ni convertirla en ensayo, la historia permite una lectura social inevitable. En el centro aparece la pérdida de la casa: no solo como hecho material, sino como pérdida de pertenencia, memoria y refugio.

“Es la historia de tres hermanos y es la historia de una familia, también es cierto que es la historia de los que están caídos del sistema.”

Durante los últimos dos años, mientras escribía la novela, Radice empezó a observar con más atención una realidad que se volvió cada vez más visible: familias enteras viviendo en la calle, especialmente en zonas urbanas como Belgrano, Barrancas de Belgrano, la Ciudad de Buenos Aires o La Plata.

Esa observación no aparece en el libro como una investigación periodística, sino como materia literaria. La autora aclaró que Renegadas está nutrida de lo que se ve, de lo que impacta, de aquello que la mirada cotidiana muchas veces naturaliza.

La pregunta que impulsó parte del libro fue simple y brutal: cómo sería perder el hogar de un día para el otro.

El título: renegar, resistir, seguir soñando

El título de la novela también fue parte de una búsqueda. Radice contó que barajó opciones como Caer o Caerse, hasta que apareció Renegadas, una palabra que reunía varias capas de sentido: las personas negadas por el sistema, las que están “re negadas”, las que reniegan de su destino y, aun así, conservan un impulso vital.

“Apareció ese Renegadas con fuerza porque también estaba el grito vital de renegar de eso y seguir soñando.”

La novela trabaja sobre esa tensión: la caída y la imaginación; la crudeza y la belleza; la intemperie y la posibilidad de inventarse una película interna para sobrevivir.

Uno de los momentos más fuertes de la charla llegó cuando se habló de Dolores, o Lola, uno de los personajes centrales. Ella cae en la calle y debe empezar a reorganizar su vida desde lo mínimo: acomodar una manta, entender cómo pedir, aprender a sobrevivir.

Radice explicó que Lola empieza a pensar hacia atrás, a construir ficciones en su cabeza. No porque el pasado sea necesariamente mejor, sino porque el presente resulta demasiado duro y el futuro parece clausurado.

La calle, el hambre y la humanidad que no queremos mirar

Uno de los ejes más potentes de la conversación fue la naturalización de la pobreza urbana. Radice habló de cuerpos tirados en la calle, de personas sobre colchones y frazadas, de la dificultad de saber si alguien está dormido, vivo o muerto. También habló del pedido desesperado que se repite en subtes y veredas: “Tengo hambre”.

La autora no romantiza esa situación. Por el contrario, la pone en foco. Renegadas no busca embellecer la calle, sino recuperar humanidad en personas que el mundo muchas veces deja de mirar.

“Lo terrible es naturalizar que no sabemos si están vivos o muertos, si tienen un pasado, si sueñan un futuro.”

En ese sentido, la novela propone una forma de resistencia narrativa. No se trata de resolver desde la literatura aquello que corresponde a la política o a la acción social, sino de no dejar que esas vidas se vuelvan invisibles.

Radice lo explicó con claridad: uno puede acercar una manta, una galletita o un paquete de yerba, pero eso no resuelve la intemperie. La literatura, entonces, puede al menos abrir una pregunta, incomodar, devolver espesor humano.

Música, deseo y literatura

Como en Mugre, la música vuelve a estar presente en la obra de Radice. En la charla aparecieron referencias a Viejas Locas, Leo García, Ernesto Tabárez (Eté & Los Problems) y Embajada Boliviana. La autora contó que durante el proceso de escritura escuchó mucha música platense y que ese universo sonoro terminó impregnando la novela.

También habló del deseo, una zona que ya estaba muy presente en Mugre. Para Radice, el deseo es una fuerza vital, no limitada a lo sexual, sino asociada al movimiento, a la pulsión de seguir, al impulso de hacer proyectos y no quedar detenido.

Esa combinación entre oscuridad, humor negro, erotismo, música y observación social le da a Renegadas una textura particular. Es una novela breve, pero cargada de preguntas: sobre la familia, la calle, el hambre, el pasado, el presente y las ficciones que necesitamos para no hundirnos del todo.

Una novela sobre mirar de nuevo

Renegadas parece nacer de una incomodidad: la de caminar por la ciudad y advertir que muchas vidas quedaron al margen de nuestra mirada. Radice convierte esa incomodidad en literatura, sin solemnidad y sin subrayados morales, pero con una sensibilidad aguda para detectar lo que se rompe cuando alguien pierde su casa.

La novela no promete consuelo fácil. Pero sí ofrece algo esencial: la posibilidad de detenerse, mirar de nuevo y preguntarse qué historias cargan esas personas que vemos todos los días, pero casi nunca conocemos.

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