En Improvisados, Max Bidart compartió sus impresiones sobre El Partido, el documental dirigido por Juan Cabral y Santiago Franco que revisita el histórico Argentina-Inglaterra del Mundial de México 86.
La película parte de uno de los partidos más narrados de la historia del fútbol, pero intenta correrse del lugar común. No se queda únicamente en la Mano de Dios ni en el Gol del Siglo, sino que reconstruye el contexto político, deportivo y emocional de una rivalidad que empezó mucho antes de 1986.
Argentina-Inglaterra, antes de Maradona
Uno de los aspectos destacados de la película es que no arranca directamente con México 86. El documental retrocede hasta el Mundial de 1966, disputado en Inglaterra, y recupera el episodio de Antonio Rattín, expulsado en un partido donde todavía no existían las tarjetas amarillas y rojas.
La película sitúa allí un primer conflicto futbolístico entre Argentina e Inglaterra, marcado por la barrera idiomática, la tensión arbitral y un gesto de Rattín sobre el banderín con la bandera británica.
Desde ese punto, El Partido construye un recorrido que permite entender mejor el clima previo al duelo de 1986.
Un documental con protagonistas y nuevas reacciones
Bidart destacó especialmente que la película no se limita al archivo. El documental reúne a jugadores argentinos e ingleses, los pone frente a fragmentos de la historia y registra sus reacciones actuales.
“No se queda con el archivo histórico, sino que genera material porque junta a los jugadores argentinos y a los ingleses en un mismo lugar.”
Ese recurso permite que el documental tenga una capa adicional: los protagonistas no solo recuerdan, también miran su propio pasado y reaccionan ante él. Según la columna, ese cruce produce momentos valiosos, sobre todo porque algunos jugadores no habían hablado demasiado del tema.
“Es hermoso ver a los protagonistas contar de primera mano cómo lo vivieron.”
Maradona, la Mano de Dios y otra lectura posible
Uno de los puntos más interesantes de El Partido es que no parece buscar la exaltación automática de la “viveza criolla”. Por el contrario, según la mirada de Bidart, el documental intenta ser bastante neutral y poner el foco en el jugador, en la magia futbolística y en la dimensión humana de aquel partido.
La película también recupera una mirada curiosa sobre la Mano de Dios: la idea de que no fue necesariamente un gesto contra Inglaterra, sino una picardía futbolística que Maradona ya había intentado en otras ocasiones.
En ese sentido, El Partido se distancia de otras narrativas maradonianas que suelen insistir en la chicana o en la revancha política. La película parece buscar un puente.
Un puente entre dos países
Para Bidart, el gran valor del documental está en su tono. El Partido revisa una rivalidad cargada de historia, pero no se queda en la confrontación. Incluso cuando aborda la Mano de Dios, el segundo gol o la herida inglesa, la película parece interesada en escuchar a ambos lados.
El resultado, según la columna, es una película capaz de hablarle también a quienes no son fanáticos del fútbol. Porque más allá del partido, lo que aparece es una historia sobre memoria, mito, dolor, admiración y la posibilidad de mirar otra vez un episodio que parecía completamente cerrado.
El Partido no borra la épica. Pero la ordena de otro modo: menos como una celebración de la trampa y más como una exploración de la grandeza de Maradona, el peso simbólico de aquel encuentro y la potencia del fútbol para condensar una historia mucho más grande que noventa y un minutos.


